Cuba: ¿Es necesaria la acción afirmativa?

Cuba: ¿Es necesaria la acción afirmativa?

Por Esteban Morales UNEAC

La llamada “acción afirmativa”, surgió en los EE.UU., con posterioridad a la lucha por los derechos civiles  de la población negra  en los años sesenta.(1)

Con independencia de donde  haya aparecido, ¿es necesaria la acción afirmativa?

¿Qué la justifica?[1]

Cuando hablamos de acción  afirmativa, nos referimos a un conjunto de políticas sociales, que, observando las diferencias “raciales”, étnicas o de color, las tome  en cuenta y promueva acciones para borrarlas o al menos equilibrarlas. El colonialismo y el neocolonialismo engendraron tantas desventajas estructurales entre las personas de razas, etnias y colores diferentes, que resulta ahora imposible eliminarlas en el plazo de vida útil  de una persona. Incluso en Cuba, donde el promedio de vida es muy alto, de  no aplicarse este tipo de políticas mencionadas, muchos morirían antes de que pudieran ver eliminadas o siquiera equilibradas, las desventajas  que arrastran, sufren  y que tienden muchas veces  a reproducirse.

En Cuba tenemos personas que por su color de la piel, o que  independientemente de ello, recibieron históricamente un trato discriminatorio dentro de la vida social cubana. No había que ser negro  o mestizo en  la Cuba anterior a 1959, para ser discriminado.  Los denominados blancos también lo  eran, por pertenecer  a las llamadas clases bajas, pobres, obreros y campesinos, entre ellos,  la mujer negra, ha sufrido  una doble y hasta triple  discriminación: la del hombre, la del sexo y la del color.

Estos sectores mencionados, todos, deben ser ayudados a superar sus desventajas. Pero de  acuerdo con el devenir histórico, la experiencia de la acción afirmativa debe ser reconceptualizada. No considero se deba entender ni aplicar esta, como la elevación del color, la raza, la etnia  o el género a la categoría de privilegio, para  otorgar ventajas por el hecho de no ser blanco o ser mujer. Ello, dentro de la propia experiencia norteamericana, expresado por muchos, con toda razón, ha  tendido  a comportarse como una especie de “discriminación  a la inversa”,(2) siendo incluso  una  manipulación del real objetivo con que surgió la iniciativa.

Es decir, al pasar de  los años, después de su implantación, junto a la Ley por los Derechos Civiles de 1964, sobre todo luego de la administración  de R. Reagan, la acción afirmativa ha sido  muy atacada y tiende a diluirse  dentro de un gran debate, que la ha venido   modificando y eliminando paulatinamente.[2]

Muchos blancos en EE.UU. se quejan de que no tienen el privilegio que la raza, el color o la etnia,  le  ha otorgado  a otros. Entonces surgen  contradicciones:

  1. Los blancos,  grupo donde  siempre se ha ostentado el poder y la hegemonía social, muchos de ellos,  sienten que van perdiendo posición  por no pertenecer a los grupos raciales preteridos.[3]
  2. Se incrementa el odio racial, bajo la forma de los llamados “grupos extremistas”, que crecen, como resultado de que aquellos, que siempre fueron privilegiados por el color, ahora sienten que esos privilegios son otorgados a los que nunca los tuvieron.
  3. La clase media negra en los EE.UU., en alta proporción, se opone a la acción afirmativa, a partir de considerar que esta los rebaja ante los blancos, a pesar de que muchos  negros, por sus  propios esfuerzos, han logrado equiparárseles, sintiendo esa situación como un lastre moral, como algo que conlleva el considerarlos  siempre  inferiores a aquellos que históricamente los explotaron.

Por supuesto, esta última posición lleva implícito también cierto grado de acomodamiento, al  olvidar que  una masa importante de negros, la mayoría de esa población,  aún vive por debajo de la línea de pobreza en los EE.UU.[4]

Lo que más se  ha atacado siempre  de la acción afirmativa es el asunto  de la   preferencia. Es decir, su modo inicial de aplicación, que consistía en dar privilegios a negros, hispanos y demás minorías, por motivos de “raza”, sobre la base de un sistema de cuotas. Después que  del año  1964 se implementó un mecanismo de este tipo,  para otorgar empleos, ingreso en las universidades, etc., lo que  trajo como consecuencia   que la “raza” o la etnia,  deviniera en criterio para otorgar ventajas.

Es cierto que no se justifica, desde ninguna perspectiva, que un trato preferencial basado en la raza, la etnia o el color, llegue a institucionalizarse; pero tampoco es posible dejar de reconocer que hay personas que debido a su pertenencia racial o étnica padecen un conjunto de desventajas estructurales heredadas y reproducidas por el sistema capitalista, que hay que tratar de ayudar a enmendar, si es que se  desea crear una sociedad equitativa, en la que todos sus miembros marchen hacia adelante con igualdad de oportunidades y posibilidades.[5]

Pero, como una resultante del debate, aunque no existe todavía consenso al respecto, se reconoce ahora por muchos,  que la acción afirmativa puede ser enfocada desde una perspectiva diferente.

Particularmente pensamos que la forma de solución del problema de la desventaja  no es la cuota. Eso ya fue aplicado, incluso en Cuba, en el entorno de la segunda mitad de los años ochenta, y no dio resultado, todo lo contrario. Siendo finalmente manipulado.  Luego, no parece  ser la preferencia, otorgada de manera directa y sobre la base del color, lo que va a solucionar el dilema, sino otro tipo de acción afirmativa, que, sin dejar de reconocer las desventajas, vengan de donde provengan, no eleve estas últimas a criterio  para otorgar  preferencia. Mucho menos, tratándose de la raza.

A esta, que pudiera considerarse un nuevo tipo de acción afirmativa, se le conoce con el nombre de “Acción Afirmativa de Desarrollo”, por contraposición a la otra  denominada como  “Acción Afirmativa de Preferencia”.

Mientras la Acción Afirmativa de Preferencia, que hasta no hace mucho se aplicaba, reconocía la diferencia racial o étnica y la tomaba como parámetro para otorgar la preferencia; la Acción Afirmativa de Desarrollo no elude la necesidad de la acción, ni ignora  la diferencia, pero toma a esta última entonces para realizar un tipo de política que trabaja sobre la desventaja  en el desempeño,  para mejorarlo y así ofrecer  al objeto de su acción (obrero, estudiante, etc.) la posibilidad de adquirir las  capacidades que les faciliten ser evaluados por los parámetros comunes para todos los grupos. Se trata entonces de una acción afirmativa que trabajaría para  reducir  las desventajas a cero, con tal de evaluar el desempeño según los parámetros comunes establecidos.

Luego, partiendo de la necesidad de la acción afirmativa, como instrumento que permita contribuir a eliminar las diferencias heredadas y encontrar la equidad, su aplicación puede lograrse si no se elevan  esas  desventajas  raciales  a la categoría de principio para asignar la preferencia, sino a principios para trabajar por la   eliminación de la desventaja, antes de que esta tenga que ser evaluada. Es decir, se trata de ayudar a los que tienen que ser evaluados, para que no lleguen a ese momento con las desventajas a cuestas.

De  todos modos, una acción afirmativa de este último tipo, también exige de la ayuda gubernamental  para que asigne  los recursos que sean  necesarios para llevarla adelante las acciones correspondientes.

Vale la pena analizar si este tipo de acción afirmativa se adapta a las condiciones de Cuba,  tomando en consideración que en  la experiencia de los llamados trabajadores sociales se aplicaron ideas de este tipo,  que hoy también  se aplican dentro de la labor de solidaridad  en que Cuba participa a nivel internacional.

¿Pero, por qué entonces en la sociedad cubana actual es necesario poner en práctica algo similar a una acción afirmativa, a más de cincuenta años de una política social, que ha luchado contra la injusticia y la desigualdad hasta los mismos bordes del igualitarismo?

En Cuba la esclavitud duró mucho (oficialmente hasta 1886) y en  la lucha por la independencia no triunfaron aquellos que querían una república “con todos y para el bien de todos”. A ello se sumó la intervención de EE.UU., que en el proceso de   reorganización de la nación, al terminar la guerra de independencia,  distribuyó el poder entre los cubanos blancos, negros y mestizos, de una manera muy desigual, perjudicando sobremanera a los últimos grupos. Período durante el cual la pobreza fue  también masivamente blanca, pero  la riqueza, como siempre,  nunca llegó  a ser negra. Respecto a la discriminación racial, algo, aunque muy poco  se avanzó durante la república, en comparación  con la etapa colonial esclavista.

Dentro de  la masa de los pobres, los negros y mestizos compartían la pobreza con los blancos, pero dentro de un contexto social en el que los propios blancos pobres ejercían la discriminación racial y el racismo contra aquellos que, en última instancia, tanto desde el punto de vista económico como social, eran sus compañeros de infortunio. Junto a esto, el  negro también discriminaba al blanco, aunque no pocas veces como una respuesta a su propia discriminación.[6]

Es decir, el blanco, aunque pobre, tendía a sentirse superior al negro y lo discriminaba. Lo cual obedecía a que, a pesar de ser pobre, se desenvolvía dentro de una dinámica social que le permitía a veces  salir de la pobreza con menores dificultades que al negro. Todo ello por un conjunto de razones, que sería muy largo explicar y  debido a las cuales, el blanco poseía una movilidad social muy superior a la del negro, quien, por lo general, en su mayoría, nacía y moría en la miseria.

La República no engendró el racismo, pero lo aprovechó muy bien para explotar al negro y al blanco, haciéndole   creer a este último  que era superior e inculcando  las divisiones dentro de la clase obrera en particular y en toda la sociedad, basándose  en el color de la piel.

Los negros y mestizos en Cuba, por su color, situación social y desventajas heredadas de todo tipo —que tienen  su trasfondo más lejano en  la esclavización del negro— sufrían doblemente, por ser pobres y por ser negros o mestizos, lo que los convertía en víctimas de una dual discriminación. Los negros, que vinieron como esclavos, eran todos pobres al cesar la esclavitud y así  mayoritariamente  permanecieron durante la república y aun muchos de sus descendientes, no han podido salir de esa situación. En ello, la explotación colonial y capitalista desempeñó un gran papel,  pero también el racismo y la discriminación por el color, han tenido una gran responsabilidad.

Aunque se han ejercido y deben continuar ejerciéndose, acciones encaminadas a ayudar a todos los pobres a superar su situación, en el caso de los negros y mestizos, deben desplegarse  acciones dirigidas específicamente también  a eliminar las desventajas adicionales, derivadas de la discriminación por el  color de la piel. Hoy en Cuba, cierta acción afirmativa, se ha dirigido a todos los pobres, con independencia de su  grupo racial de pertenencia, por medio de una política social extraordinariamente humanista. Pero resulta imposible olvidar que los negros y mestizos son proporcionalmente  los más pobres, los que viven en las  peores condiciones, los que menos probabilidades tienen de aprovechar las ventajas de la política social humanitaria de la Revolución. Son además, los que menos remesas reciben y a los que les resulta más difícil conseguir un empleo en aquellos sectores de la economía más atractivos y mejor remunerados. Teniendo además que prepararse para asimilar un proceso de restructuración económica, para el que no parecen estar suficientemente preparados, dado las desventajas históricas que arrastran y  a las que se suman la de la crisis  económica reciente.

Cualquier blanco pobre puede ser discriminado, pero nunca lo será también por el color, lo cual aun es una realidad para los negros y mestizos en Cuba. Aunque también existan los llamados por algunos,  “blancos de orilla”, aquellos que son discriminados dentro del propio grupo racial blanco, haciendo del racismo y la discriminación no solo un asunto contra los negros, aunque  preferiblemente contra ellos, sino  también ejercido dentro de los propios negros y mestizos y entre los blancos, lo que  convierte al racismo y la discriminación, en una disfuncionalidad de toda la sociedad cubana.

Lamentablemente, son muchas las razones históricas y contemporáneas, por las cuales, negros, blancos y mestizos, no son aun iguales dentro de nuestra realidad social. Son muchos los lastres aun insuperados y muchas todavía las imperfecciones de nuestra sociedad actual, para poder afirmar que hemos llegado a la igualdad, con independencia del color de la piel. La igualdad de derechos, sin dudas, existe en Cuba, pero la igualdad social es algo mucho más compleja y difícil de alcanzar.

No se trata de que en Cuba elevemos el color de la piel a parámetro de privilegio, pues hay también una población blanca que necesita de acciones concretas destinadas a mejorar su situación. (3)

Se trata, de que por ser negros o mestizos, hay personas en Cuba a las cuales les costaría más esfuerzo y más tiempo equilibrar las diferencias con el resto de la población. La prueba más fehaciente de ello la tuvimos durante la crisis económica de finales de los ochenta y principios de los noventa. Fueron negros y mestizos entonces los que más se afectaron por esa crisis, debido a que estaban más lejos de haber logrado un nivel de vida consolidado y estable.(4) La crisis económica afectó incluso, a negros y mestizos dentro de  la intelectualidad, que habían logrado hacerse de un aceptable nivel  de vida.

Considero que la única forma de ir mejorando la situación antes apuntada, es tomarla en consideración, mediante la puesta en práctica de una política social, que partiendo de las desigualdades existentes, ayude de manera especial a negros y mestizos. No le llamemos a esa política Acción Afirmativa, tal vez,  para evitar confusiones y comparaciones no válidas en el caso de Cuba, pero tendría que ser, sin duda, una política dirigida a equilibrar las disparidades que el color de la piel  aun lleva implícito  en nuestra sociedad.

Como dije en mi artículo “Acción afirmativa: un asunto para el debate”, no comparto, ni creo que la acción afirmativa, tal y como se ha conceptualizado y aplicado en los EE.UU. por muchos años, sea lo que se aviene a nuestras necesidades; pero hacen falta acciones específicas, que reconozcan que el color de la piel es una desventaja, una variable de diferenciación social, que debe ser tomada en consideración para equilibrar  la situación de una parte importante de nuestra población negra y mestiza. Es ese el único modo de nivelar  puntos de partida tan diferentes, de aquellos cuyos ancestros llegaron como esclavos, prisioneros en los barcos negreros, frente a los que vinieron, por propia voluntad,  buscando  una  fortuna, que no pocas veces alcanzaron. Situación que se ha  trasladado por generaciones y que junto a los retos  del  ejercicio de la discriminación por el color de la piel, hacen aun de negros y mestizos los grupos raciales con mayores desventajas económicas y sociales.

La pobreza también pudo  ser masivamente blanca, pero la riqueza nunca fue negra. Y esa diferencia sigue aun estando presente en nuestra realidad social.

No volvamos a cometer  el error de creer que solo atacando  la pobreza el  problema se va a resolver.

La Habana, Septiembre  15  del  2011.

 

Notas:

1 Este artículo debe ser leído en combinación con mi otro trabajo “Acción Afirmativa: una invitación  al debate”, en el blog de Esteban Morales.

2 Para ver esa reconceptualización, consultar el artículo mencionado más arriba.

3 Siempre hemos criticado, que, lamentablemente, nuestras estadísticas no reflejan esta situación con suficiente claridad, impidiendo hacer análisis más objetivos sobre el particular. La  tendencia a no reflejar estadísticamente las diferencias socioeconómicas tomando en consideración los grupos  raciales, es algo que afecta seriamente su investigación científica, así como sesga nuestra comprensión de las necesarias  especificidades que debe adoptar  la política social.

4 La crisis económica de la segunda mitad de  los años ochenta y principios de los noventa, sirvió como un “parteaguas”  para esclarecer que el racismo y la discriminación racial no se habían resuelto, y mucho menos que su solución avanzaba a la velocidad que se había supuesto. Así como también aportó mucha información respecto al modo tan   diferente en  que la crisis afectó a los  grupos raciales.

[1] Cada país tiene su historia y por tanto sus peculiaridades. No hay dos naciones  iguales. Pero cada sociedad puede aprender siempre algo de las demás. Incluso, con independencia de su régimen social. Nosotros en Cuba tendemos casi siempre a mirar con prejuicio soluciones que vengan de afuera. Pero un país, que como el nuestro, trabaja para consolidar un modelo de desarrollo económico y social  estable, no puede despreciar ninguna experiencia. Porque las soluciones pueden no ser iguales, pero los problemas pueden ser los mismos, por lo que   siempre valorar  experiencias resulta útil. La mejor  sociedad no existe aun, por lo que  estoy convencido de que la mejor sociedad  saldrá de la capacidad de combinar y adaptar  lo mejor  que cada una de las que existen  haya creado. (El Autor).[2] William Clinton, durante su mandato, trató de evitar la eliminación de la Acción Afirmativa, promoviendo su impulso. Incluso lanzó la iniciativa llamada “Una sola América para el Siglo XXI”, la cual Bush hijo  sepultó en el olvido.

[3] Incluso,  ha emergido una corriente de extrema derecha que comienza a hablar de la pobreza,  las desventajas y la discriminación de los blancos. Mientras resulta evidente estadísticamente,  que la pobreza de los negros continúa creciendo.

[4] Es decir, surge en los Estados Unidos una clase media, incluso poderosa,  aunque no equiparable a los blancos, pero que desde su cómoda posición, a muchos no les interesa que aun hoy más del 80% de los negros vivan por debajo de la línea de la pobreza. Aquí el llamado “Black Capitalism” desempeñó un papel importante. Finalmente,  la elección de Barack Obama a la presidencia ha servido también para que muchos confirmen su tesis de que  los negros pueden llegar a compartir con los blancos el  poder en igualdad de condiciones en los Estados Unidos.

[5] No es seguro y está más bien comprobado lo contrario: que  a las elites de poder en los Estados Unidos no  les preocupa este problema. La propia acción afirmativa, si bien fue un resultado  de la lucha de los negros, las elites la aceptaron también  como  una maniobra para tranquilizar a los negros y tener un “compás de espera” que les permitiera descabezar el Movimiento por los Derechos Civiles.

[6] En realidad, el  racismo ha sido siempre más de blancos contra negros. Estos últimos discriminaron también, aunque más bien,  como un mecanismo de defensa  y   sin tener el poder  para ejercer la a discriminación con la misma intensidad.

CUBA ANTE LOS DOS JOSÉ EN EL TEMA DE LA RACIALIDAD.

CUBA ANTE LOS DOS JOSÉ EN EL TEMA DE LA RACIALIDAD. 

Esteban Morales.

Soslayar  el   tratamiento del  tema de la racialidad entre nosotros,   tiene consecuencias que van más allá de lo que hubiéramos podido imaginar. No se trata solo de un asunto político, sino también cultural, histórico, ideológico y  en particular, de coherencia intelectual con las corrientes de lo más avanzado de nuestro pensamiento nacional.

En nuestra historia, ningún pensador ha sido tan importante ni ha dejado una huella tan imperecedera como José Martí. Entonces, rescatar el pensamiento del Apóstol será siempre una tarea intelectual de primer orden. Porque de Martí  nos vendrá siempre  la sabia nutricia  de todas  las  elaboraciones  intelectuales,  que tengan que ver con la patria, la soberanía y la independencia de la nación.

 

Para la Cuba de hoy, la obra de Martí se agiganta y en general es asumida como la asumiera el grupo de vanguardia de la Generación del Centenario .Esa Pléyada  que rescato  lo mejor del pensamiento martiano precisamente en el año de su centenario. Pero tal asunción de la obra  presenta  su  brecha.

En cuanto al pensamiento de José  Martí sobre la raza, falta mucho  aun para que logremos alcanzar,  en nuestra realidad de hoy, intelectual y  práctica,   la  importancia  que le dio el Apóstol a sus ideas sobre la raza.

Todas las ideas del movimiento democrático del siglo XIX pasaron por el tamiz del  extraordinario talento de  Martí. Casi todas las mejores ideas fueron moldeadas por su  exquisita sensibilidad humana y  por  su decisión irrevocable de ponerlas  al  servicio de   los pobres. Teniendo siempre como foco de su  quehacer,  la independencia,  la soberanía de la patria  y    la construcción de una nación  “con todos y para el bien de todos”.Siendo dentro del proyecto    martiano de nación   donde encaja,  a  manera  de pieza clave, la  concepción martiana sobre la raza. [1]

Marti decía: “Con los pobres de la tierra quiero yo mi suerte echar”,  y quienes eran los pobres, sino los indios, los negros, los asiáticos, todos los seres explotados y preteridos por los poderosos. Echar su suerte con  ellos, era  para Marti,  acompañarlos  hasta alcanzar la felicidad para todos.

Es numerosa la bibliografía martiana sobre la cuestión  racial.  Sin  embargo,  sobre la raza, quien conoce más allá de su    muy  socorrido  y repetido pensamiento  “Hombre es mas que blanco, más que mulato, más que negro. Cubano es mas que blanco, mas que mulato, mas que negro…” [2]. Pensamiento a veces tan socorrido entre nosotros, pero que,  no pocas veces, se deja en el plano ético, o simplemente se esgrime para sellar la partida y no continuar discutiendo. Como cuando se dice también “todos somos iguales”

También expreso: “El hombre  no tiene ningún derecho especial porque pertenezca a una raza u otra: dígase hombre y ya se dicen todos los derechos” [3]

En el magnífico Diccionario  del Pensamiento Martiano  de Ramiro Valdés Galárraga esa bibliografía abarca las notas 6258 a la 6275; la nota 9468; 7854 y de la 7863 a la 7886. [4]

Yo diría que José A. Saco,  fue el ideólogo cubano, contemporáneo al Apóstol, con el que este ultimo  más contiende   en el tema de la raza, durante el siglo XIX.

José A. Saco resultaba ser   un ferviente defensor de la nacionalidad cubana, pero al precisar los componentes humanos de la misma, aflora la base racista de su concepción. Lo cual se aprecia claramente cuando decía; “… la nacionalidad cubana, de que yo  hable, y de la única que debe ocuparse todo hombre  sensato,  es de la formada por la raza blanca…” [5].

José  Marti respeto  valoro  mucho  a José A. Saco. Pero el primero, desde la corriente  independentista y abolicionista  a la que se afilio, desde la segunda mitad del siglo XIX, defendió consecuentemente que Cuba  era una y  para todos os cubanos. No podía ser de otro modo.  Marti necesitaba unir a todos los cubanos, de todos los credos y razas,  para librar  la  que el  llamo la “Guerra Necesaria “y todos los cubanos,  especialmente  los negros y mestizos, no podrían ser arrastrados a esa lucha,  sino era sobre la base  de obtener  de ella   una republica “ con todos   y  para el bien de todos “.

Marti entonces tendría que librar una ardua batalla contra el concepto de patria  que esgrimía José A. Saco, el que excluía a los negros y mestizos. Dado que para Saco,  los negros y mestizos, no tenían  cabida en su proyecto de nación. El negro y el mestizo debían ser eliminados  y como, en términos prácticos,  no podían ser devueltos a África,  tal asunto debía resolverse sobre la base de un proceso de “blanqueamiento “,  a partir del corolario presente  como complemento del “teorema de la exclusión”,  que Saco preconizaba,  es decir,  sobre la base de “blanquear, blanquear, blanquear y luego hacerse respetar”,   lo cual implicaba, lo que al fin se aplico, un proceso de inmigración blanca y católica  favorecida, que tenia como objetivo eliminar a los negros y mestizos de la sociedad cubana. [6]

Para entonces, la unidad de todos los cubanos se hallaba amenazada por el racismo y por el llamado “miedo al negro “, que el pensamiento de Saco contribuía a alimentar.

Marti no podía permitir que las ideas de Saco se apoderasen o penetrasen siquiera,  el pensamiento defendido por los sectores políticos que luchaban por la independencia y la abolición definitiva de la esclavitud.

Sin embargo, hoy,  no podemos decir, que esa batalla librada por Martí este ya ganada. Pues a más de cien años, todavía el peligro del racismo y del blanquimiento están  presentes en nuestra sociedad.

Fidel castro, ferviente defensor y practicante del pensamiento del Apóstol, en 1959  reivindicaba las ideas martianas sobre la cuestión racial,  cuando decía “… hay gente que se llama   revolucionario y es racista;  hay gente que se llama culta y es racista…”

Los discursos de marzo de 1959, son extraordinariamente claros  en sus ataques contra el racismo  y la discriminación racial, al defender  el lugar que les corresponde a los negros y mestizos dentro de la sociedad. [7]

Pero en realidad, la consecuencia con ese pensamiento quedo como trunca,  cuando poco después, en 1962, el problema racial fue proclamado como resuelto.

Las circunstancias que generaron el escenario político en que se dio como resuelta la cuestiona racial, están ampliamente explicadas por el autor de este ensayo, en varios de sus trabajos  sobre el tema. [8]

Hoy, no es el tema racial el único en el que la Revolución cubana  debe insistir por su  radicalidad,  pero respecto a la cuestión racial, la perdió en 1962, sin que podamos decir aun que la haya  recuperado completamente. Hemos avanzado en el tema,  pero aun no lo suficiente.

Largos años estuvimos sin tratar el tema, de modo que hoy hay que recuperar para el pensamiento revolucionario las ideas martianas sobre la raza, acortando el  espacio perdido durante estos años. Es que querámoslo o   no,  nos enfrentamos a una realidad. [9]

Hoy el pensamiento de José A. saco sobre la raza en Cuba   podría sentirse relativamente cómodo entre nosotros, con todas las múltiples manifestaciones   que continúan apoyándolo desde nuestra realidad.

Continuamos viviendo dentro de una sociedad de hegemonía blanca. No superamos el occidentalismo en nuestra enseñanza, el que se expresa aun, en la total insuficiencia  de la enseñanza sobre África, Asia y Medio Oriente. Por lo cual nuestros estudiantes salen de la escuela con una visión estereotipada, blanca,  sobre nuestra cultura y la universal en general. Muchas personas, que siendo negras no se asumen como tales. La filosofía aun dominante del llamado “adelanto de la raza “. La actitud negativa ante las uniones interraciales. Educamos sin mencionar el color, mucho menos explicarlo y   lo que ello significa,  por lo cual, en la practica, educamos para ser blancos. Porque si vivimos aun en una sociedad de hegemonía blanca y al educar no mencionamos el color,  en la práctica educamos para el color hegemónico. La muy poca presencia de negros y mestizos en nuestros libros de historia, junto a una educación, que en sus programas, no  asume  a los estudiantes  como miembros de una sociedad uní étnica y multicolor. Los estudios sobre la esclavitud se quedan en el siglo XIX.  La poca presencia de negros y  mestizos  en el cine, la televisión, el ballet. La ausencia de negros y mestizos en  posiciones protagónicas dentro de la llamada economía del turismo y las corporaciones. La poca o nula atención que se les  presta por la ONE (Oficina Nacional de Estadísticas) a unas estadísticas sociales y socioeconómicas,  que reflejen  la verdadera composición racial de la población. Las estadísticas cubanas que van a Naciones Unidas  no reflejan la composición racial de la población cubana.

La poca presencia aun de negros y  mestizos, en los que pueden ser considerados organismo blanqueados, algunos espacios sociales, culturales y  ciertos patios particulares.

Por lo cual, José A. saco, de  estar entre nosotros,    podría   sentir, que después de 50 años  de revolución,  aun no  realizamos los  esfuerzos suficientes  por  lograr finalmente,  lo que el no pudo  eliminar,  la presencia del  negro y el mestizo  dentro de  la sociedad cubana.

Deseo concluir este ensayo con una sencilla pregunta: ¿Que pensamiento sobre la raza tiene mejor presencia en la realidad cubana actual, el de  José Marti o el de José A. Saco?

El de José  Marti, que  apenas lo mencionamos, no se le  profundiza en la escuela, no lo traemos a nuestra realidad actual; o  el de José A. saco, que  continua aferrado al modo de vivir de todos los cubanos y que aun no  lo hemos podido desplazar.

Marzo 31 del 2010.

 

[1] Soy del criterio de que la cuestión racial en Marti, en realidad, no puede ser vista al margen  de cómo este  concebía la nación cubana. Yéndose por encima de  todos los pensadores de talla de su época, tanto en Cuba como en América latina. Pues para Marti, el racismo no tenia nada que hacer  en una sociedad como la que el concibió, dado que al decir, “contados y para el bien de todos “, ello no excluía credo, raza y  ni siguiera cualquier  filiación política, siempre  que pusiera a la patria unida por encima de todo.

[2] “Mi Raza”, Patria, Nueva York, 16 de  abril de 1893, T. 2, p. 299.

[3] Ibidem  p. 298.

[4] Ver: Ramiro Valdés Galárraga, “Diccionario del pensamiento Martiano”, Editorial Ciencias Sociales, La Habana, 2002, pp. 467-469; p. 741; pp. 593-595. Lamentablemente, no aparecen los términos   Trata  y José A. saco,  que hubieran resultado muy útiles para este ensayo.

[5] Tomado de Ibrahim Hidalgo,  “Saco y Marti.Coincidencias y Divergencias”,  p. 19 (Inedito.facilitado al autor de este ensayo).Excelente exploración sobre el tema, que recibió Mención en el Concurso Internacional “Pensar a Contracorriente” del 2010.

[6] Este proceso de inmigración  privilegiada se realizo  y trajo como resultado, que los negros y mestizos, que arduamente habían lucha por la independencia,  perdían los mejores trabajos, tierras y posiciones sociales ventajosas, a favor de aquellos mismos contra los que antes habían tenido que combatir por la independencia. Para ampliar ver: Maria del  Carmen Barcia, “Un Modelo de emigración favorecida”: el traslado masivo de españoles a Cuba (1880- 1930). Revista catauro No. 4, La Habana,  2001, pp. 36-59.

[7] Ver: periódicos Granma, marzo 20 del 2009, marzo 31 del 2009, marzo 23 del 2009 y diciembre 21 del 2009. Este ultimo del discurso del Cro, Raúl Castro  en la sesión de clausura de la Asamblea nacional del Poder Popular.

[8] Ver: Esteban Morales, “Desafíos de la Problemática Racial en Cuba “,  Colección Fuente Viva No. 29, Fundación “Fernando Ortiz”, La Habana, 2007.

[9] El propio Fidel y en medida importante también Raúl, han hecho por retomar el tema en los últimos 20 años. Los discurso en el VIII Congreso de la UJC, los congresos Pedagógicos, los Congresos de la UNEAC  otros. Durante os años de la República varios autores hicieron aportes importantes, pero a partir de los años sesenta, al darse el asunto como resuelto, se genero  ambiente  social y político  que limito mucho continuar escribiendo sobre el tema racial.

CINCO MINUTOS DE REFLEXION CONTRA EL RACISMO

CINCO MINUTOS DE REFLEXION CONTRA EL RACISMO

Una Propuesta en vísperas del Decenio Internacional de los Afrodescendientes

                                                                                                           Por Roberto Zurbano

La población negra cubana es heredera de una historia donde esclavitud, marginación y racismo fueron realidades permanentes hasta 1959. La Revolución trajo un cambio mayúsculo para cubanos de cualquier raza, clase y condición social.  Para los negros en particular, abrió un periodo cualitativamente superior, cuyos resultados  se reconocen dentro y fuera de Cuba. El escaso reconocimiento del peso histórico del racismo y las desventajas históricas del negro en la sociedad cubana aun demandan análisis perspectivos que no deben aplazarse ante los retos del presente. La actual dinámica económica genera profundas desigualdades sociales que impactan fuertemente a estratos de escasos recursos en toda la isla. Entre dichos grupos, buena parte de nuestra población negra, heredera de viejas desventajas socioeconómicas, sufre hoy doblemente la marginación económica y social, al tener que enfrentar viejas y nuevas formas de racismo.

Es cierto que se ha roto el silencio sobre el tema y se reconoce oficialmente la creciente discriminación racial en Cuba, pero son insuficientes los argumentos y soluciones que apenas ofrecen instancias políticas, estatales, gubernamentales y no gubernamentales. No se trata de explicar a quienes nos dedicamos a abordar, en términos académicos, comunitarios o artísticos este asunto, sino se trata de respetar a esa población negra crecientemente pobre, marginada de los mejores puestos en el mercado laboral, de silenciada historia en los currículos escolares, maltratada por el cine y la televisión que solo reproducen estereotipos subalternos; se trata de reconsiderar esta masa negra con fuerte presencia entre la población penal,  sobre-representada en los barrios marginales, con graves problemas de vivienda y salubridad, escasamente insertada en la nueva economía y subrepresentada en las aulas universitarias y los espacios de poder; en fin, víctima, simultáneamente de marginación, silencio, desigualdad y discriminación.

Como ciudadano cubano y luchador antirracista de izquierda expreso mi preocupación, compromiso y necesidad de luchar contra esta situación a través de los medios a mi alcance y con todas aquellas personas, grupos e instituciones que quieran sumarse a esta batalla por la dignidad de los grupos sociales más excluidos y discriminados. Teniendo en cuenta el proceso de re-estratificación social que  tiene lugar en la isla, vale la pena repensar la lucha de clases como una opción política que implique nuevas alianzas, acciones solidarias, formas de participación critica y autogestión en la solución de los nuevos conflictos y problemáticas que las actuales dinámicas socio-económicas vienen produciendo en la isla.

A través del activismo social, observando, preguntando, anotando y debatiendo entre líderes y comunidades diversas identifico cinco prioridades en la lucha contra el racismo en Cuba. Con estos cinco puntos debemos atravesar nuestras comunidades, dentro y fuera de la capital, en busca de intercambio solidario, colaboración, crítica, propuestas y respuestas compartidas.

1-Educación: Insertar en los currículos escolares las problemáticas raciales, asumiendo la disposición de bibliografía, especialistas e instituciones con resultados investigativos (historiografía, antropología, genética, etc.) que se publican y debaten fuera de los circuitos docentes, comenzando con la preparación de los profesores y maestros. Así como insertar las historias de África, Asia y Medio Oriente.

2-Mercado laboral: Promover el acceso a puestos de trabajo que dignifiquen la capacidad profesional de trabajadores negros en importantes sectores económicos donde, evidentemente, son excluidos. Garantizar salarios dignos e implementar ayudas económicas a familias de bajos ingresos, así como vías de capacitación laboral para jóvenes residentes en barrios marginales.

3-Politicas públicas e instituciones dirigidas a promover la igualdad racial con eficacia: Definir instituciones y políticas que aborden las problemáticas raciales, significando los contenidos raciales que, entre otros, configuran el entramado de los conflictos económicos y sociales del país, con el propósito de enriquecer las estrategias y soluciones, haciéndolas inclusivas y transversales.

4-Transformacion de los medios de difusión masiva en espacios críticos y  emancipatorios: Necesidad de dar voz y promover la participación responsable en el espacio público de nuestra diversidad. Debatir sobre las discriminaciones, a través de los medios y también en comunidades, escuelas, centros laborales y  organizaciones de la sociedad civil. Este flagelo se oculta entre el silencio, la insensibilidad y la doble moral.

5-Ley antidiscriminatoria: Elaborar una Ley General contra las discriminaciones, pues los contextos  (social, económico y político) han cambiado y la institucionalidad jurídica alcanzará un peso significativo en la regulación de la sociedad cubana. Encontrar nuevas formas políticas e institucionales de impedir las injusticias sociales que vienen apareciendo, así como detener la actual impunidad discriminatoria.

Propongo un debate enriquecedor sobre esta propuesta y a sumar personas, grupos e instituciones dispuestas a construir el Movimiento Anti-racista Cubano, en fin, … el MAR, un gigante,  abierto y democrático movimiento social que llegue a la conciencia y a las bases de nuestro proyecto social y rechace abiertamente toda forma de discriminación y racismo dentro y fuera de Cuba. Construir una sociedad próspera en un mundo hostil  (económica e ideológicamente hablando) no puede convertirnos en ciudadanos indolentes e inconscientes de nuestra misión reivindicativa y solidaria, como sujetos participes de un proceso transformador que debe ser más crítico, justiciero y creador en estos tiempos. Si permitimos que el actual desgarrón económico llegue a las bases éticas e identitarias de nuestra sociedad, perderemos todos: negros, blancos y mestizos, mujeres y hombres, niños y ancianos, cubanos todos, dentro y fuera de la isla. Estas cinco tareas podrán convertirse en el punto de partida de una ciudadanía digna y una sociedad de mayor justicia social para todos los cubanos.

10 de Octubre del 2014, desde Centro Habana, Cuba

EL PAIS QUE VIENE: Y ¿MI CUBA NEGRA?

El cambio es la más reciente noticia sobre Cuba, pero para los afrocubanos es más un deseo que una realidad. En los últimos cuatro años han desaparecido muchas prohibiciones absurdas que impedían hospedarse en un hotel, comprar un teléfono celular, vender su casa o su carro, abrir una empresa privada, viajar al extranjero, etc. A estos gestos llaman aperturas, pero no es más que naturalizar la condición ciudadana, hacerla tan igual a otros países. Los resultados, no solo económicos, de tales gestos, traerán los verdaderos cambios que se vislumbran y que permitirán a Cuba salir de la Historia y entrar, de una vez, en el Presente. El Futuro se acerca veloz, desesperadamente, y en esa carrera van cayendo sueños y utopías compartidas hasta ayer por muchos cubanos.
La población negra desborda los números que los últimos censos han falseado, las calles denuncian a gritos el fraude estadístico que nos coloca por debajo de la quinta parte de la población. Se olvida que en Cuba una gota de sangre blanca puede hacer mestizo o blanco a quien no lo es, pues acá los matices del color de la piel son una tragicomedia que oculta conflictos raciales tan antiguos como actuales. Siempre digo que el racismo es la humillación más fuerte que heredamos de la esclavitud, a pesar de una revolución socialista y un proceso social que aun pretende igualdad para todos.
A los cambios económicos en el sector privado, los negros llegamos en desventaja. Heredamos más de dos siglos de esclavitud y sesenta años de exclusiones republicanas que, en medio siglo de Revolución, no logramos superar, por la manera en que el racismo se oculta y renueva cuando no se debate, ni se enfrenta política y culturalmente. Si los años sesenta significaron oportunidad para todos, los setenta constatan que no todos estaban en capacidad de aprovechar dichas oportunidades, aun así, los ochenta exhiben un importante porciento de profesionales negros que, a la llegada de los años noventa están ausentes de los espacios privilegiados del turismo, la economía mixta y la moneda dura. Ya en el siglo XXI es notable como la población negra esta sub-representada en los espacios de poder económico, político y hasta en las universidades, al contrario de su sobre-representación en el mercado informal, las ilegalidades y los barrios marginales.
Si en los noventa comienzan a circular dos monedas en el país, también se viven dos realidades económicas e ideológicas: la primera realidad permite a una mayoría blanca recibir remesas del extranjero, especialmente de Miami, Florida, donde el exilio cubano es mayoritariamente blanco. La otra realidad corresponde a la población cubana que no recibe remesas desde el exterior, grupo de mayoría negra, que vio apagarse la utopía socialista desde el rincón más bajo de la sociedad. Para estos, abrir un restaurant, comprar un auto u otro modo de entrar en la nueva economía, es casi imposible. En los últimos veinte años la población negra cubana ha sufrido una involución o parálisis de la gran movilidad alcanzada entre 1959 y 1989. En ese mismo periodo llego a decretarse en libros y discursos oficiales el fin del racismo en Cuba, por lo que mencionar esta forma de discriminación era visto como un acto contra la Revolución. Ante la actual complejidad, siempre alerto que abandonar la lucha contra el racismo, en especial contra lo que llamo neo-racismo, sería una ingenuidad política con nefastas consecuencias económicas en el futuro de nuestra población negra.
Raúl Castro ha anunciado su último mandato presidencial y con ello cierra también el final de una era en la política cubana. Para ese entonces ya el país será otro y esperamos que mujeres, negros y jóvenes sepan enrumbar esta nación en un mar encrespado, no solo en lo que a la economía respecta, sino también en la diversidad que será reconocida y ejercida en más de un sentido, donde puedan escucharse los proyectos de nación que duermen en la cabeza de muchos; el pedazo de responsabilidad publica que cada cual pueda y sepa asumir, los grupos sociales por emancipar definitivamente, los debates que faltan por encauzar, someter a nuevas discusiones y encontrar consensos, acuerdos, soluciones…
Las nuevas generaciones políticas cubanas aprenderán a andar con sus propios pies y sobre todo con sus propias cabezas. Sin embargo, espero que antes del 2018 las organizaciones o instituciones antirracistas como La Cofradía de la Negritud, el Comité Ciudadano de Integración Racial, la Articulación Regional Afrodescendiente, la Comisión José Antonio Aponte u otras que integran el movimiento antirracista cubano, crezcan legal y organizadamente en las soluciones aplazadas que una amplia mayoría negra sigue esperando. También esperamos el fin del bloqueo, pero urge mas elevar su autoestima, sus condiciones materiales, su acceso a mejores trabajos; que sus posibilidades ciudadanas crezcan y sus culturas sean mejor reconocidas, no solo comercializadas, sino respetadas. Y que también protagonicemos los nuevos modos de entender y construir la nación.
No pido que en las próximas elecciones del 2018 un negro sea presidente de Cuba, sino que ese tránsito nos permita formar buenos líderes, empoderar comunidades y construir consensos y alianzas estratégicas dentro y fuera del país. Aun es insuficiente nuestra conciencia racial y sería muy pequeño (o fugaz) el triunfo de un cubano negro, tan solito allá arriba, en medio de un contexto muy prejuiciado, al frente de un país cuyos lazos políticos y culturales con África todavía algunos tratan de escamotear.… Ya tendremos oportunidad de tener un papa o un presidente negro a quien no le amarren las manos fácilmente. Por mi parte, sigo luchando y soñando con un país donde los negros seamos dueños, forjadores y críticos de nuestro propio destino de cubanos y disfrutemos una ciudadanía más plena. Ese país no ha llegado todavía, pero además de soñarlo, salgo a buscarlo cada mañana.
La Habana, Marzo y 2013.
Roberto Zurbano. Ensayista y crítico cultural. Especialista en literatura, raza y músicas alternativas. Autor de varios libros y ensayos, entre ellos Cuba 2012: Doce dificultades para enfrentar los (neo) racismos. Actualmente desarrolla los proyectos de libros El triángulo invisible del siglo XX cubano: Literatura, raza y nación y Fuera del Club: Un mapa de la nación hip hop en Cuba. Dirige el Fondo Editorial Casa de las Américas, donde ha logrado insertar la problemática racial en el programa cultural de esa institución.