EL PAIS QUE VIENE: Y ¿MI CUBA NEGRA?

El cambio es la más reciente noticia sobre Cuba, pero para los afrocubanos es más un deseo que una realidad. En los últimos cuatro años han desaparecido muchas prohibiciones absurdas que impedían hospedarse en un hotel, comprar un teléfono celular, vender su casa o su carro, abrir una empresa privada, viajar al extranjero, etc. A estos gestos llaman aperturas, pero no es más que naturalizar la condición ciudadana, hacerla tan igual a otros países. Los resultados, no solo económicos, de tales gestos, traerán los verdaderos cambios que se vislumbran y que permitirán a Cuba salir de la Historia y entrar, de una vez, en el Presente. El Futuro se acerca veloz, desesperadamente, y en esa carrera van cayendo sueños y utopías compartidas hasta ayer por muchos cubanos.
La población negra desborda los números que los últimos censos han falseado, las calles denuncian a gritos el fraude estadístico que nos coloca por debajo de la quinta parte de la población. Se olvida que en Cuba una gota de sangre blanca puede hacer mestizo o blanco a quien no lo es, pues acá los matices del color de la piel son una tragicomedia que oculta conflictos raciales tan antiguos como actuales. Siempre digo que el racismo es la humillación más fuerte que heredamos de la esclavitud, a pesar de una revolución socialista y un proceso social que aun pretende igualdad para todos.
A los cambios económicos en el sector privado, los negros llegamos en desventaja. Heredamos más de dos siglos de esclavitud y sesenta años de exclusiones republicanas que, en medio siglo de Revolución, no logramos superar, por la manera en que el racismo se oculta y renueva cuando no se debate, ni se enfrenta política y culturalmente. Si los años sesenta significaron oportunidad para todos, los setenta constatan que no todos estaban en capacidad de aprovechar dichas oportunidades, aun así, los ochenta exhiben un importante porciento de profesionales negros que, a la llegada de los años noventa están ausentes de los espacios privilegiados del turismo, la economía mixta y la moneda dura. Ya en el siglo XXI es notable como la población negra esta sub-representada en los espacios de poder económico, político y hasta en las universidades, al contrario de su sobre-representación en el mercado informal, las ilegalidades y los barrios marginales.
Si en los noventa comienzan a circular dos monedas en el país, también se viven dos realidades económicas e ideológicas: la primera realidad permite a una mayoría blanca recibir remesas del extranjero, especialmente de Miami, Florida, donde el exilio cubano es mayoritariamente blanco. La otra realidad corresponde a la población cubana que no recibe remesas desde el exterior, grupo de mayoría negra, que vio apagarse la utopía socialista desde el rincón más bajo de la sociedad. Para estos, abrir un restaurant, comprar un auto u otro modo de entrar en la nueva economía, es casi imposible. En los últimos veinte años la población negra cubana ha sufrido una involución o parálisis de la gran movilidad alcanzada entre 1959 y 1989. En ese mismo periodo llego a decretarse en libros y discursos oficiales el fin del racismo en Cuba, por lo que mencionar esta forma de discriminación era visto como un acto contra la Revolución. Ante la actual complejidad, siempre alerto que abandonar la lucha contra el racismo, en especial contra lo que llamo neo-racismo, sería una ingenuidad política con nefastas consecuencias económicas en el futuro de nuestra población negra.
Raúl Castro ha anunciado su último mandato presidencial y con ello cierra también el final de una era en la política cubana. Para ese entonces ya el país será otro y esperamos que mujeres, negros y jóvenes sepan enrumbar esta nación en un mar encrespado, no solo en lo que a la economía respecta, sino también en la diversidad que será reconocida y ejercida en más de un sentido, donde puedan escucharse los proyectos de nación que duermen en la cabeza de muchos; el pedazo de responsabilidad publica que cada cual pueda y sepa asumir, los grupos sociales por emancipar definitivamente, los debates que faltan por encauzar, someter a nuevas discusiones y encontrar consensos, acuerdos, soluciones…
Las nuevas generaciones políticas cubanas aprenderán a andar con sus propios pies y sobre todo con sus propias cabezas. Sin embargo, espero que antes del 2018 las organizaciones o instituciones antirracistas como La Cofradía de la Negritud, el Comité Ciudadano de Integración Racial, la Articulación Regional Afrodescendiente, la Comisión José Antonio Aponte u otras que integran el movimiento antirracista cubano, crezcan legal y organizadamente en las soluciones aplazadas que una amplia mayoría negra sigue esperando. También esperamos el fin del bloqueo, pero urge mas elevar su autoestima, sus condiciones materiales, su acceso a mejores trabajos; que sus posibilidades ciudadanas crezcan y sus culturas sean mejor reconocidas, no solo comercializadas, sino respetadas. Y que también protagonicemos los nuevos modos de entender y construir la nación.
No pido que en las próximas elecciones del 2018 un negro sea presidente de Cuba, sino que ese tránsito nos permita formar buenos líderes, empoderar comunidades y construir consensos y alianzas estratégicas dentro y fuera del país. Aun es insuficiente nuestra conciencia racial y sería muy pequeño (o fugaz) el triunfo de un cubano negro, tan solito allá arriba, en medio de un contexto muy prejuiciado, al frente de un país cuyos lazos políticos y culturales con África todavía algunos tratan de escamotear.… Ya tendremos oportunidad de tener un papa o un presidente negro a quien no le amarren las manos fácilmente. Por mi parte, sigo luchando y soñando con un país donde los negros seamos dueños, forjadores y críticos de nuestro propio destino de cubanos y disfrutemos una ciudadanía más plena. Ese país no ha llegado todavía, pero además de soñarlo, salgo a buscarlo cada mañana.
La Habana, Marzo y 2013.
Roberto Zurbano. Ensayista y crítico cultural. Especialista en literatura, raza y músicas alternativas. Autor de varios libros y ensayos, entre ellos Cuba 2012: Doce dificultades para enfrentar los (neo) racismos. Actualmente desarrolla los proyectos de libros El triángulo invisible del siglo XX cubano: Literatura, raza y nación y Fuera del Club: Un mapa de la nación hip hop en Cuba. Dirige el Fondo Editorial Casa de las Américas, donde ha logrado insertar la problemática racial en el programa cultural de esa institución.

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