MENSAJE DE AÑO NUEVO

Respetado(a) compatriota:
La llegada de un nuevo año constituye una espléndida oportunidad para
que las personas de buena voluntad, más allá de las diferencias de
diversa índole que existan entre ellas, hagan votos por la felicidad
propia y la de otros seres humanos con las que puedan compartir
aspiraciones y sueños. Es también ocasión propicia para evaluar la
labor realizada en el año que termina y plantear las nuevas metas para
el año que se inicia. Dar la bienvenida a un nuevo año también puede
ser útil para promover una mayor y mejor comunicación entre las
personas que están conectadas por el interés en aras del bien común.
Atendiendo a estas razones me estoy dirigiendo a usted, en nombre del
proyecto COFRADÍA DE LA NEGRITUD , para expresarle el más sincero
deseo de que el Nuevo Año 2016 le traiga buena salud, ventura
personal, familiar y prosperidad. Al propio tiempo, le estoy
exhortando a que brinde su apoyo ciudadano a toda acción apropiada que
tenga por fin contribuir a fomentar en las cubanas y los cubanos un
mayor respeto por el culto a la dignidad plena del hombre, en
particular, a aquellas dirigidas a lograr avances efectivos en la
lucha contra los prejuicios, las desigualdades  y la discriminación
racial  presentes aun  en nuestra sociedad.
¡Feliz y próspero Año Nuevo 2016, para todas y todos!

Norberto Mesa Carbonell

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Un coloquio por la eliminación de la discriminación racial

de Yusimí Rodríguez López | La Habana

fuente: www.diariodecuba.com

La Cofradía de la Negritud convocó al evento donde se discutió el pensamiento de Fidel Castro y la situación racial en Cuba.

El pasado sábado, un día después de que el racismo fuera el tema del espacio televisivo Mesa Redonda, se conmemoró el Día Internacional para la eliminación de la discriminación racial, en la sede de la Comisión Cubana de la UNESCO, en Nuevo Vedado. La actividad, convocada por la Cofradía de la Negritud, se inició con las palabras de Irina Bokova, directora general de la UNESCO, leídas por una de las especialistas del centro.

Posteriormente, Norberto Mesa Carbonell, primer cofrade, recordó el planteamiento de Abel Prieto, exministro de Cultura y actual asesor del presidente Raúl Castro, en la Asamblea Nacional, en 2012: “Si queremos enfrentar con éxito el tema del racismo y las marginalidades en la sociedad cubana, lo primero que debemos hacer es reconocer la existencia de desigualdad y discriminación racial en Cuba”. En opinión de Norberto, hasta que el Partido Comunista de Cuba (PCC) no reconozca esa existencia no será posible una lucha eficaz, teniendo en cuenta el papel del PCC según nuestra Constitución.

Norberto apuntó además que el tema de la discriminación racial no fue abordado en el congreso de la Central de Trabajadores de Cuba (CTC) ni en el de la Federación de Mujeres Cubanas (FMC), ni figura en la agenda del congreso de la Unión de Jóvenes Comunistas (UJC), pese a la cantidad de jóvenes negros desempleados o presos.

Después de estos planteamientos, el Primer Cofrade dio paso al primer panel del día, dedicado a analizar la respuesta de Fidel Castro a la pregunta de Ignacio Ramonet, sobre la situación racial en Cuba, en la entrevista recogida en el volumen Cien horas con Fidel. El panel estuvo integrado por Rodrigo Espina, antropólogo y militante del PCC, que participó en la Mesa Redonda de la noche anterior; Gisela Arandia, coordinadora de la Articulación Regional Afrodescendiente para América Latina y el Caribe (ARAAC), y el intelectual e investigador Roberto Zurbano.

Rodrigo Espina describió el pensamiento de Fidel Castro como positivo y en progreso, (pese a su situación actual), que reconoce la existencia de la discriminación. Como ejemplo, citó su intervención en el Congreso Pedagogía 2003. Arandia criticó el hecho de que se llevaran a cabo campañas contra la discriminación racial (término que prefiere a “prejuicio racial”) sin divulgarlas. “No es posible deconstruir discriminaciones sin discurso público”, afirmó.

Zurbano consideró que Fidel Castro ha sido muy afortunado con los entrevistadores y que ha puesto los medios a su disposición en la batalla política, y opinó que la pregunta de Ramonet sobre la situación racial no estuvo bien formulada. Pero aclaró que el Fidel Castro de 1948 tenía conciencia de la discriminación racial e integraba la Liga Universitaria contra el Racismo. Al referirse a la situación actual enfatizó en la necesidad de debate público, políticas públicas y leyes. Calificó de erróneo construir la igualdad sin discusión y sin la participación de los desiguales.

Se refirió también a la Batalla de Ideas como un proyecto destinado a las personas más pobres, mayormente negras, que recibió críticas racistas y clasistas, y fue el último tren para quienes no habían podido acceder a la universidad. Pero el discurso de la Batalla… ha sido desmontado en los últimos diez años. Al respecto, Norberto Mesa criticó la suspensión del programa, con el argumento de que no podía continuar pagándose a personas desvinculadas para que estudiaran, cuando en Cuba se han graduado centenares de estudiantes procedentes de países pobres de América Latina y otros continentes, sin que el Gobierno cubano les haya cobrado nada. “¿Cuánto cuesta formar un médico en esos países? ¿Por qué no se usó un mecanismo de préstamos estudiantiles; por qué no se analizó quiénes realmente necesitaban realmente asistencia económica?”

Roberto Zurbano calificó la afirmación de Heriberto Feraudy, presidente de la Comisión Aponte de la UNEAC, durante la mesa redonda televisiva, de que la subversión en Cuba hoy es afrodescendiente, como lo peor de esa mesa.

Al término de la actividad, cuando pude conversar con Norberto, este calificó la afirmación de “dislate político”, pero comprende que procede de alguien que está en una posición que implica responder a determinados intereses. La realización de la mesa redonda en la televisión le pareció algo positivo, llevado a cabo por quienes tienen la posibilidad de hacerlo.

Desde el público se contrastó el hecho de que ya se trata el tema de la homofobia en los medios y las telenovelas, con la ausencia del tema racial en los mismos. La abogada Deynis Terry contó que en el aula de su hija, estudiante de Hotelería y Turismo, los negros y los blancos se sientan separados. Además, para trabajar en la carpeta de un hotel, existen exigencias estéticas que van desde alcanzar una estatura determinada, hasta llevar el cabello desrizado, en el caso de las mujeres negras.

Leonardo Calvo, vicecoordinador nacional del Comité Ciudadanos por la Integración Racial (CIR) llamó a analizar los patrones de polarización en la sociedad cubana que determina cómo se estructura la desigualdad. Se refirió a la importancia de la independencia con respecto a las instituciones y del análisis de los referentes culturales. “Es triste que aún los jóvenes digan que hay que adelantar la raza”.

Se criticó duramente la Televisión Cubana, donde existe rechazo y desinterés por el tema. Los filmes y documentales sobre la esclavitud o sobre África, son calificados como “películas de negros”. Incluso para quienes trabajan en el medio y tienen interés en poner a disposición del público este tipo de materiales, existen muchas trabas. Hubo además llamamientos a no cansarse en el trabajo para empoderar a los jóvenes, y a reforzar el trabajo de las familias.

Aunque los medios y la televisión cubana recibieron críticas tanto de panelistas como del público en cuanto al tratamiento del tema racial, nadie cuestionó la propiedad absoluta del Estado sobre estos.

Cuando la palabra retornó a los panelistas, Gisela Arandia aseveró que la Revolución cubana ha hecho mucho para eliminar la discriminación racial, pero la sociedad cubana es racista, y la historia de las personas negras ha sido escondida y estereotipada. Terminó invitando a los presentes a participar en el ARACC. “No necesitamos permiso para reunirnos”, dijo.

Zurbano alertó sobre el nacimiento de un neorracismo en Cuba, construido con el silencio y la indolencia del socialismo cubano. “Debe existir en Cuba un movimiento antirracista y unidad entre movimientos anticapitalistas”, agregó.

Rodrigo Espina declaró que todos somos la Revolución. “Todos somos responsables de lo que sucede. El racismo es mutante, cambia de aspecto y llega a parecer amable.”

La actividad contó con un breve momento cultural a cargo del dúo de rap 340 MS Records, que interpretó el tema “Nuestra Historia”.

El debate suscitado por este primer panel impidió la realización del segundo, a cargo de la organización Alianza Unidad Racial, sobre las críticas que recibió el informe presentado por el Gobierno cubano en la ONU sobre la situación racial en Cuba. Por la importancia del tema, se decidió buscar una fecha posterior para ese panel.

Una afirmación injusta en artículo de Trabajadores

Por Norberto Mesa Carbonell

El pasado lunes 23 de febrero el periódico Trabajadores, órgano de la Central de Trabajadores de Cuba publicó en su página 3 el trabajo de corte histórico titulado ”24 de febrero. Pasado, presente y futuro” de la autoría del Doctor en Ciencias Históricas Antonio Álvarez Pitaluga, Vicedecano de la Facultad de Filosofía e Historia de la Universidad de la Habana. Uno de los párrafos expresa:

Otra cuestión que para muchos dirigentes, patriotas emigrados y combatientes, fue que la meta final de la contienda se centró en la liberación nacional sin concebir un cambio de las estructuras coloniales; la subversión de estas no se instrumentó. Solo la genialidad del Apóstol concibió la revolución a partir de la doble tarea de liberación nacional-revolución social. Era la esencia de una nueva organicidad revolucionaria que le permitió a Martí proyectar la revolución como una profunda subversión cultural, pero el desconocimiento y la falta de interpretación de su pensamiento entre los hacedores revolucionarios obstaculizaron la expansión de sus ideas.

En este párrafo aparece una afirmación del autor, que he subrayado, la cual, en mi opinión, requiere una aclaración. Esta afirmación se aviene bien con el propósito del trabajo; pero es históricamente injusta. No es acto de justicia histórica atribuir solo a José Martí la idea de concebir a la revolución en ciernes como una gesta de liberación nacional-revolución social.

Seguramente, hubo otros patriotas que actuaron alentados por ese ideal; y quiero ejemplificar con el relevante patriota Juan Gualberto Gómez, cuyas concepciones revolucionarias estuvieron en estrecha interrelación con las de Martí, lo cual puede observarse en su intensa labor periodística y de activismo político dentro de Cuba. Vale apuntar que, en realidad, la línea de pensamiento que el Doctor Pitaluga atribuye en exclusivo a la genialidad de Martí, estuvo presente en otros patriotas cubanos desde antes de la Revolución del 95; un claro ejemplo de ello lo constituye el general Antonio Maceo, quien en la Protesta de Baraguá puso de manifiesto esa concepción, al establecer la firme vinculación entre la independencia del país y la abolición de la esclavitud, o sea, entre la liberación nacional y la revolución social.

Estamos conmemorando los 120 años del inicio de la Guerra de Independencia, de la que José Martí fue artífice principal, y Antonio Maceo y Juan Gualberto Gómez gestores relevantes. Por ello considero que es procedente toda acción encaminada a poner de relieve la profundidad del pensamiento revolucionario de estos grandes hombres de nuestra historia patria.

3 de marzo de 2015

Un hecho trascendental

El pinareño Luis Giraldo Casanova, uno de los elegidos en la refundación del Salón.

Este articulo ha sido publicado en el en el Diario de Cuba porDimas Castellanos | La Habana | 25 Nov 2014 – 9:18 am.

Un hecho trascendental

54 años después de su clausura por el castrismo, la reapertura del Salón de la Fama del béisbol cubano es el regreso a un camino que nunca se debió abandonar.

Unos cien entusiastas de nuestro deporte nacional, bajo el emblema “de la utopía a la realidad”, participaron en elPrimer Coloquio Museo y Salón de la Fama del béisbol cubano” los días 7 y 8 de noviembre de 2014 en el capitalino Estadio Latinoamericano.

En el evento, periodistas, historiadores e investigadores, entre otros,  aprobaron la refundación del Salón de la Fama adjunto a un museo del Béisbol Cubano, definieron el Reglamento para la selección y exaltación de los candidatos, eligieron al Tribunal que tendrá esa función en los primeros dos años y solicitaron al Ministerio de Cultura declarar al béisbol como “patrimonio intangible de la nación cubana”.

Si el Salón de la Fama fue creado en 1939 (tres años después del famoso Baseball Hall of Fame de Cooperstown, Estados Unidos) y erradicado en 1960, su refundación además de noticia constituye un acontecimiento de trascendencia para el deporte y la nación cubana.

Sin embargo, el hecho recibió una pobre cobertura informativa. El periódico Granma del 10 de noviembre ubicó la noticia como un subtitulo de un artículo destinado al análisis del equipo que representaría a Cuba en los Juegos Centroamericanos y del Caribe. Tal y como si la refundación del Salón fuera un subproducto de la selección que viajaría a Veracruz.

Una mirada retrospectiva

Una mirada retrospectiva basta para develar la trascendencia del hecho. En 1866 ya se jugaba pelota en Cuba; en 1874 se celebró el primer juego noticiado en el Palmar del Junco; y en 1878, dos años después de Estados Unidos, debutó el profesionalismo en la Isla con la primera Liga Oficial del Beisbol Cubano. La calidad alcanzada fue tal que ya en la primera década del siglo XX los equipos cubanos ganaban y perdían de tú a tú con los equipos de la pelota profesional norteamericana.

Cuba se alzó como primera potencia del béisbol amateur y segunda de la pelota profesional. Por ejemplo, tras la Primera Serie Mundial de Béisbol Amateur celebrada en Londres en 1938, las cinco siguientes se efectuaron en el estadio La Tropical de La Habana, de las cuales Cuba ganó cuatro. Mientras, en la Serie del Caribe, de las 12 que tuvieron lugar entre 1949 y 1960, Cuba ganó siete, las últimas cinco de forma consecutiva. Esos y otros resultados se reflejaron en el Salón de la Fama nacional durante los 21 años de existencia (1939-1960), donde fueron exaltados 68 peloteros por sus méritos deportivos.

En 1960 el Gobierno, convencido de que la pelota “esclava” —como le llamaron al béisbol profesional— sería derrotada por la pelota “libre”, decidió suprimir el profesionalismo. Para ese fin el Estado dedicó inmensos recursos y logró la supremacía durante décadas en las competencias amateurs centroamericanas, panamericanas y mundiales. Satisfecho, el líder de la revolución, el 2 de enero de 1967, exclamó: “Se erradicó el deporte profesional, y sobre todo, se erradicó en aquel deporte, que era uno de los más populares: la pelota… Pero lo más interesante es que jamás ningún deportista profesional cuyo negocio es el deporte, jugó con tanto entusiasmo, con tanta entereza, con tanto coraje, como el que llevan a cabo nuestros deportistas, que no son profesionales”.

Se proclamó así la gran victoria sobre la pelota “esclava”. En octubre de 1975, Castro dijo: “si en otros países de América latina no existe la revolución social, no se desarrolla la revolución social; por mucha técnica; por muchos entrenadores que contraten; por muchas cosas que inventen, no podrán obtener los éxitos que obtiene Cuba en el deporte”.

Cuando se reiniciaron los choques con los equipos profesionales foráneos, la supuesta superioridad comenzó a declinar, mientras cientos de jugadores de alta calidad comenzaron a abandonar el país en busca de lo inalcanzable dentro de las fronteras.

El tiro de gracia se produjo a mediados de 2013 durante el tope realizado con una selección de estudiantes universitarios norteamericanos, donde el equipo nacional exhibió el más bajo rendimiento de los últimos torneos internacionales. Los cubanos, que habían derrotado a las selecciones universitarias estadounidenses en ocho de diez oportunidades, a pesar de superar a sus contrarios en experiencia y promedio de edad, fueron barridos en cinco partidos por verdaderos amateurs.

Al tiempo que eso ocurría, en 2013 el cienfueguero Yasiel Puig, tras su debut con los Dodgers de Los Ángeles, recibió el premio al Mejor Jugador y Novato del Mes de junio; José Iglesias, en ese momento infilder de los Medias Rojas de Boston, fue seleccionado Novato del Mes en la Liga Americana; José Fernández, lanzador de los Marlins de Miami, fue elegido para el Juego de las Estrellas junto a Aroldis Chapman, el holguinero cerrador de los Rojos de Cincinnati; y el granmense Yoenis Céspedes, de los Atléticos de Oakland, ganó la competencia de jonrones. En 2014, además de Céspedes, Puig y Chapman, en el Juego de las Estrellas participaron el pinareño Alexei Ramírez y el cienfueguero José Dariel Abreu, ambos de los Medias Blancas de Chicago; mientras Céspedes revalidaba su título de campeón en el Festival de Jonrones.

La calidad de estos jugadores se puede medir por las astronómicas cifras de sus contratos: 36 millones de Yoenis Céspedes, 42 de Yasiel Puig, 68 de José Dariel Abreu, 72,5 de Rusney Castillo y los aproximadamente 100 millones, en discusión, de Yasmany Tomás.

El regreso a un camino que nunca se debió abandonar

La revolución, a la vez que llevó la pelota a lugares donde no se jugaba, construyó nuevos estadios, creó escuelas deportivas y añadió nuevas graderías al Gran Stadium del Cerro (al que le cambió el nombre), también impidió a nuestros peloteros medirse con los mejores del mundo; privó a los cubanos del béisbol profesional, que en vivo o por las cadenas radiales y televisivas se disfrutaba desde cualquier punto del país; e implantó una política informativa dirigida a ocultar los éxitos de los cubanos en otros países. El deporte se subordinó a una ideología y el Estado anuló toda participación e iniciativa ciudadanas.

El resultado: el declive de la pelota cubana, las incontrolables y crecientes fugas de jugadores y la pérdida de popularidad de la pelota ante deportes como el fútbol.

A pesar de su falta de voluntad política, el régimen está obligado a cambiar. En el caso de la pelota ese cambio pasa por el abandono de la estrategia trazada en 1960 y el regreso a un camino que no se debió abandonar. En ese contexto se inscribe y se explica que la refundación del Salón de la Fama, aunque no emergiera de una iniciativa estatal, haya sido aceptada por las autoridades.

A propuesta de un grupo de entusiastas, encabezados por el cineasta Ian Padrón, 75 años después de la fundación del Salón de la Fama y 54 después de su clausura, elaboró, propuso y logró el apoyo para la refundación de dicho Salón. En el Coloquio, de forma democrática —algo inusual en nuestro contexto— se reconocieron los 68 cubanos exaltados hasta 1960 y se agregaron otros diez seleccionados por el Tribunal elegido en el evento: del período 1874-1961, el árbitro Amado Maestri y los jugadores Esteban Bellán, Camilo Pascual, Orestes Miñoso y Conrado Marrero. De 1961 a hoy, Omar Linares, Orestes Kindelán, Luis Giraldo Casanova, Antonio Muñoz y Braudilio Vinent. Con ellos suman 78 peloteros exaltados.

La importancia no radica en que aún no estén todos los que deben estar, sino en que la decisión de cerrar el salón de la fama fracasó y por tanto, con su reapertura, cada año otros cubanos serán exaltados, para lo cual existe un Reglamento que impide cualquier intento de exclusión. De ahí emana la trascendencia de la refundación.

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COFRADÍA DE LA NEGRITUD Normativa Conductual del Cofrade

  1. Mantener una actitud de compromiso activo con la defensa y la promoción apropiadas de los principios, propósitos y posiciones de la organización.
  2. Cumplir con las tareas de la organización, tanto en el orden individual como en el colectivo.
  3. Alcanzar un mayor y mejor conocimiento sobre la contribución de los africanos y sus descendientes a procesos históricos como la formación de la nacionalidad y la identidad cubanas, las diversas cuestiones relacionadas con la diáspora africana en el Nuevo Mundo y con la cuestión racial en general.
  4. Mejorar sistemáticamente su preparación cultural, elevar su calificación cívica y fomentar su autoestima.
  5. Rechazar apropiadamente actitudes y acciones discriminatorias de corte racista.
  6. Cultivar un sentido de pertenencia enorgullecedor, basado en la participación consciente y activa para forjar un historial de lucha y realizaciones inspirado por nobles ideales.
  7. Cultivar un espíritu de confraternidad real respecto a los demás cofrades, fundamentado en la comunidad de propósitos, el respeto mutuo y la solidaridad.
  8. Ser discreto y responsable con los asuntos propios de la organización que por cualquier motivo lleguen a su conocimiento.
  9. Contribuir, sistemáticamente, al financiamiento de la organización, acorde con su real posibilidad económica.
  10. Prestar la atención debida a la materialización del propósito de alcanzar progreso efectivo en las esferas material y espiritual, tanto en el orden personal como en el orden familiar.
  11. Defender la independencia y la soberanía de la patria cubana.
  12. Defender los derechos humanos reconocidos por la Organización de Naciones Unidas (ONU).

MENSAJE DE AÑO NUEVO

La Lisa, 27 de diciembre de 2014

Respetado (a) compatriota:

Mucho me place dirigirme a usted en nombre de la Cofradía de la Negritud, un proyecto ciudadano de activismo social que, desde julio de 1998 actúa en contra de la existencia de la discriminación racial en nuestro país.

La llegada del nuevo año proporciona la magnífica oportunidad de promover la comunicación entre las personas. La Cofradía ha querido aprovecharla para expresarle a usted el deseo de que encuentre cálido amparo en su corazón el hermoso sueño de eliminar la discriminación y las desigualdades basadas en el color de la piel.

Tenga buena salud y firme disposición de ánimo a lo largo del 2015, para que pueda contribuir, conscientemente, al propósito de acercar el día en que tal sueño sea realidad luminosa en la patria de Carlos Manuel de Céspedes y Mariana Grajales.

Le agradezco, cordialmente, la atención y el tiempo que me ha dispensado.

¡Juntos podemos!

¡Feliz Año Nuevo 2015!

Norberto Mesa Carbonell

Primer Cofrade

P.D.:

Si usted considera que este es un mensaje positivo, no sea avaro y páselo a otro (a) compatriota. Muchas gracias.

Cuba: ¿Es necesaria la acción afirmativa?

Cuba: ¿Es necesaria la acción afirmativa?

Por Esteban Morales UNEAC

La llamada “acción afirmativa”, surgió en los EE.UU., con posterioridad a la lucha por los derechos civiles  de la población negra  en los años sesenta.(1)

Con independencia de donde  haya aparecido, ¿es necesaria la acción afirmativa?

¿Qué la justifica?[1]

Cuando hablamos de acción  afirmativa, nos referimos a un conjunto de políticas sociales, que, observando las diferencias “raciales”, étnicas o de color, las tome  en cuenta y promueva acciones para borrarlas o al menos equilibrarlas. El colonialismo y el neocolonialismo engendraron tantas desventajas estructurales entre las personas de razas, etnias y colores diferentes, que resulta ahora imposible eliminarlas en el plazo de vida útil  de una persona. Incluso en Cuba, donde el promedio de vida es muy alto, de  no aplicarse este tipo de políticas mencionadas, muchos morirían antes de que pudieran ver eliminadas o siquiera equilibradas, las desventajas  que arrastran, sufren  y que tienden muchas veces  a reproducirse.

En Cuba tenemos personas que por su color de la piel, o que  independientemente de ello, recibieron históricamente un trato discriminatorio dentro de la vida social cubana. No había que ser negro  o mestizo en  la Cuba anterior a 1959, para ser discriminado.  Los denominados blancos también lo  eran, por pertenecer  a las llamadas clases bajas, pobres, obreros y campesinos, entre ellos,  la mujer negra, ha sufrido  una doble y hasta triple  discriminación: la del hombre, la del sexo y la del color.

Estos sectores mencionados, todos, deben ser ayudados a superar sus desventajas. Pero de  acuerdo con el devenir histórico, la experiencia de la acción afirmativa debe ser reconceptualizada. No considero se deba entender ni aplicar esta, como la elevación del color, la raza, la etnia  o el género a la categoría de privilegio, para  otorgar ventajas por el hecho de no ser blanco o ser mujer. Ello, dentro de la propia experiencia norteamericana, expresado por muchos, con toda razón, ha  tendido  a comportarse como una especie de “discriminación  a la inversa”,(2) siendo incluso  una  manipulación del real objetivo con que surgió la iniciativa.

Es decir, al pasar de  los años, después de su implantación, junto a la Ley por los Derechos Civiles de 1964, sobre todo luego de la administración  de R. Reagan, la acción afirmativa ha sido  muy atacada y tiende a diluirse  dentro de un gran debate, que la ha venido   modificando y eliminando paulatinamente.[2]

Muchos blancos en EE.UU. se quejan de que no tienen el privilegio que la raza, el color o la etnia,  le  ha otorgado  a otros. Entonces surgen  contradicciones:

  1. Los blancos,  grupo donde  siempre se ha ostentado el poder y la hegemonía social, muchos de ellos,  sienten que van perdiendo posición  por no pertenecer a los grupos raciales preteridos.[3]
  2. Se incrementa el odio racial, bajo la forma de los llamados “grupos extremistas”, que crecen, como resultado de que aquellos, que siempre fueron privilegiados por el color, ahora sienten que esos privilegios son otorgados a los que nunca los tuvieron.
  3. La clase media negra en los EE.UU., en alta proporción, se opone a la acción afirmativa, a partir de considerar que esta los rebaja ante los blancos, a pesar de que muchos  negros, por sus  propios esfuerzos, han logrado equiparárseles, sintiendo esa situación como un lastre moral, como algo que conlleva el considerarlos  siempre  inferiores a aquellos que históricamente los explotaron.

Por supuesto, esta última posición lleva implícito también cierto grado de acomodamiento, al  olvidar que  una masa importante de negros, la mayoría de esa población,  aún vive por debajo de la línea de pobreza en los EE.UU.[4]

Lo que más se  ha atacado siempre  de la acción afirmativa es el asunto  de la   preferencia. Es decir, su modo inicial de aplicación, que consistía en dar privilegios a negros, hispanos y demás minorías, por motivos de “raza”, sobre la base de un sistema de cuotas. Después que  del año  1964 se implementó un mecanismo de este tipo,  para otorgar empleos, ingreso en las universidades, etc., lo que  trajo como consecuencia   que la “raza” o la etnia,  deviniera en criterio para otorgar ventajas.

Es cierto que no se justifica, desde ninguna perspectiva, que un trato preferencial basado en la raza, la etnia o el color, llegue a institucionalizarse; pero tampoco es posible dejar de reconocer que hay personas que debido a su pertenencia racial o étnica padecen un conjunto de desventajas estructurales heredadas y reproducidas por el sistema capitalista, que hay que tratar de ayudar a enmendar, si es que se  desea crear una sociedad equitativa, en la que todos sus miembros marchen hacia adelante con igualdad de oportunidades y posibilidades.[5]

Pero, como una resultante del debate, aunque no existe todavía consenso al respecto, se reconoce ahora por muchos,  que la acción afirmativa puede ser enfocada desde una perspectiva diferente.

Particularmente pensamos que la forma de solución del problema de la desventaja  no es la cuota. Eso ya fue aplicado, incluso en Cuba, en el entorno de la segunda mitad de los años ochenta, y no dio resultado, todo lo contrario. Siendo finalmente manipulado.  Luego, no parece  ser la preferencia, otorgada de manera directa y sobre la base del color, lo que va a solucionar el dilema, sino otro tipo de acción afirmativa, que, sin dejar de reconocer las desventajas, vengan de donde provengan, no eleve estas últimas a criterio  para otorgar  preferencia. Mucho menos, tratándose de la raza.

A esta, que pudiera considerarse un nuevo tipo de acción afirmativa, se le conoce con el nombre de “Acción Afirmativa de Desarrollo”, por contraposición a la otra  denominada como  “Acción Afirmativa de Preferencia”.

Mientras la Acción Afirmativa de Preferencia, que hasta no hace mucho se aplicaba, reconocía la diferencia racial o étnica y la tomaba como parámetro para otorgar la preferencia; la Acción Afirmativa de Desarrollo no elude la necesidad de la acción, ni ignora  la diferencia, pero toma a esta última entonces para realizar un tipo de política que trabaja sobre la desventaja  en el desempeño,  para mejorarlo y así ofrecer  al objeto de su acción (obrero, estudiante, etc.) la posibilidad de adquirir las  capacidades que les faciliten ser evaluados por los parámetros comunes para todos los grupos. Se trata entonces de una acción afirmativa que trabajaría para  reducir  las desventajas a cero, con tal de evaluar el desempeño según los parámetros comunes establecidos.

Luego, partiendo de la necesidad de la acción afirmativa, como instrumento que permita contribuir a eliminar las diferencias heredadas y encontrar la equidad, su aplicación puede lograrse si no se elevan  esas  desventajas  raciales  a la categoría de principio para asignar la preferencia, sino a principios para trabajar por la   eliminación de la desventaja, antes de que esta tenga que ser evaluada. Es decir, se trata de ayudar a los que tienen que ser evaluados, para que no lleguen a ese momento con las desventajas a cuestas.

De  todos modos, una acción afirmativa de este último tipo, también exige de la ayuda gubernamental  para que asigne  los recursos que sean  necesarios para llevarla adelante las acciones correspondientes.

Vale la pena analizar si este tipo de acción afirmativa se adapta a las condiciones de Cuba,  tomando en consideración que en  la experiencia de los llamados trabajadores sociales se aplicaron ideas de este tipo,  que hoy también  se aplican dentro de la labor de solidaridad  en que Cuba participa a nivel internacional.

¿Pero, por qué entonces en la sociedad cubana actual es necesario poner en práctica algo similar a una acción afirmativa, a más de cincuenta años de una política social, que ha luchado contra la injusticia y la desigualdad hasta los mismos bordes del igualitarismo?

En Cuba la esclavitud duró mucho (oficialmente hasta 1886) y en  la lucha por la independencia no triunfaron aquellos que querían una república “con todos y para el bien de todos”. A ello se sumó la intervención de EE.UU., que en el proceso de   reorganización de la nación, al terminar la guerra de independencia,  distribuyó el poder entre los cubanos blancos, negros y mestizos, de una manera muy desigual, perjudicando sobremanera a los últimos grupos. Período durante el cual la pobreza fue  también masivamente blanca, pero  la riqueza, como siempre,  nunca llegó  a ser negra. Respecto a la discriminación racial, algo, aunque muy poco  se avanzó durante la república, en comparación  con la etapa colonial esclavista.

Dentro de  la masa de los pobres, los negros y mestizos compartían la pobreza con los blancos, pero dentro de un contexto social en el que los propios blancos pobres ejercían la discriminación racial y el racismo contra aquellos que, en última instancia, tanto desde el punto de vista económico como social, eran sus compañeros de infortunio. Junto a esto, el  negro también discriminaba al blanco, aunque no pocas veces como una respuesta a su propia discriminación.[6]

Es decir, el blanco, aunque pobre, tendía a sentirse superior al negro y lo discriminaba. Lo cual obedecía a que, a pesar de ser pobre, se desenvolvía dentro de una dinámica social que le permitía a veces  salir de la pobreza con menores dificultades que al negro. Todo ello por un conjunto de razones, que sería muy largo explicar y  debido a las cuales, el blanco poseía una movilidad social muy superior a la del negro, quien, por lo general, en su mayoría, nacía y moría en la miseria.

La República no engendró el racismo, pero lo aprovechó muy bien para explotar al negro y al blanco, haciéndole   creer a este último  que era superior e inculcando  las divisiones dentro de la clase obrera en particular y en toda la sociedad, basándose  en el color de la piel.

Los negros y mestizos en Cuba, por su color, situación social y desventajas heredadas de todo tipo —que tienen  su trasfondo más lejano en  la esclavización del negro— sufrían doblemente, por ser pobres y por ser negros o mestizos, lo que los convertía en víctimas de una dual discriminación. Los negros, que vinieron como esclavos, eran todos pobres al cesar la esclavitud y así  mayoritariamente  permanecieron durante la república y aun muchos de sus descendientes, no han podido salir de esa situación. En ello, la explotación colonial y capitalista desempeñó un gran papel,  pero también el racismo y la discriminación por el color, han tenido una gran responsabilidad.

Aunque se han ejercido y deben continuar ejerciéndose, acciones encaminadas a ayudar a todos los pobres a superar su situación, en el caso de los negros y mestizos, deben desplegarse  acciones dirigidas específicamente también  a eliminar las desventajas adicionales, derivadas de la discriminación por el  color de la piel. Hoy en Cuba, cierta acción afirmativa, se ha dirigido a todos los pobres, con independencia de su  grupo racial de pertenencia, por medio de una política social extraordinariamente humanista. Pero resulta imposible olvidar que los negros y mestizos son proporcionalmente  los más pobres, los que viven en las  peores condiciones, los que menos probabilidades tienen de aprovechar las ventajas de la política social humanitaria de la Revolución. Son además, los que menos remesas reciben y a los que les resulta más difícil conseguir un empleo en aquellos sectores de la economía más atractivos y mejor remunerados. Teniendo además que prepararse para asimilar un proceso de restructuración económica, para el que no parecen estar suficientemente preparados, dado las desventajas históricas que arrastran y  a las que se suman la de la crisis  económica reciente.

Cualquier blanco pobre puede ser discriminado, pero nunca lo será también por el color, lo cual aun es una realidad para los negros y mestizos en Cuba. Aunque también existan los llamados por algunos,  “blancos de orilla”, aquellos que son discriminados dentro del propio grupo racial blanco, haciendo del racismo y la discriminación no solo un asunto contra los negros, aunque  preferiblemente contra ellos, sino  también ejercido dentro de los propios negros y mestizos y entre los blancos, lo que  convierte al racismo y la discriminación, en una disfuncionalidad de toda la sociedad cubana.

Lamentablemente, son muchas las razones históricas y contemporáneas, por las cuales, negros, blancos y mestizos, no son aun iguales dentro de nuestra realidad social. Son muchos los lastres aun insuperados y muchas todavía las imperfecciones de nuestra sociedad actual, para poder afirmar que hemos llegado a la igualdad, con independencia del color de la piel. La igualdad de derechos, sin dudas, existe en Cuba, pero la igualdad social es algo mucho más compleja y difícil de alcanzar.

No se trata de que en Cuba elevemos el color de la piel a parámetro de privilegio, pues hay también una población blanca que necesita de acciones concretas destinadas a mejorar su situación. (3)

Se trata, de que por ser negros o mestizos, hay personas en Cuba a las cuales les costaría más esfuerzo y más tiempo equilibrar las diferencias con el resto de la población. La prueba más fehaciente de ello la tuvimos durante la crisis económica de finales de los ochenta y principios de los noventa. Fueron negros y mestizos entonces los que más se afectaron por esa crisis, debido a que estaban más lejos de haber logrado un nivel de vida consolidado y estable.(4) La crisis económica afectó incluso, a negros y mestizos dentro de  la intelectualidad, que habían logrado hacerse de un aceptable nivel  de vida.

Considero que la única forma de ir mejorando la situación antes apuntada, es tomarla en consideración, mediante la puesta en práctica de una política social, que partiendo de las desigualdades existentes, ayude de manera especial a negros y mestizos. No le llamemos a esa política Acción Afirmativa, tal vez,  para evitar confusiones y comparaciones no válidas en el caso de Cuba, pero tendría que ser, sin duda, una política dirigida a equilibrar las disparidades que el color de la piel  aun lleva implícito  en nuestra sociedad.

Como dije en mi artículo “Acción afirmativa: un asunto para el debate”, no comparto, ni creo que la acción afirmativa, tal y como se ha conceptualizado y aplicado en los EE.UU. por muchos años, sea lo que se aviene a nuestras necesidades; pero hacen falta acciones específicas, que reconozcan que el color de la piel es una desventaja, una variable de diferenciación social, que debe ser tomada en consideración para equilibrar  la situación de una parte importante de nuestra población negra y mestiza. Es ese el único modo de nivelar  puntos de partida tan diferentes, de aquellos cuyos ancestros llegaron como esclavos, prisioneros en los barcos negreros, frente a los que vinieron, por propia voluntad,  buscando  una  fortuna, que no pocas veces alcanzaron. Situación que se ha  trasladado por generaciones y que junto a los retos  del  ejercicio de la discriminación por el color de la piel, hacen aun de negros y mestizos los grupos raciales con mayores desventajas económicas y sociales.

La pobreza también pudo  ser masivamente blanca, pero la riqueza nunca fue negra. Y esa diferencia sigue aun estando presente en nuestra realidad social.

No volvamos a cometer  el error de creer que solo atacando  la pobreza el  problema se va a resolver.

La Habana, Septiembre  15  del  2011.

 

Notas:

1 Este artículo debe ser leído en combinación con mi otro trabajo “Acción Afirmativa: una invitación  al debate”, en el blog de Esteban Morales.

2 Para ver esa reconceptualización, consultar el artículo mencionado más arriba.

3 Siempre hemos criticado, que, lamentablemente, nuestras estadísticas no reflejan esta situación con suficiente claridad, impidiendo hacer análisis más objetivos sobre el particular. La  tendencia a no reflejar estadísticamente las diferencias socioeconómicas tomando en consideración los grupos  raciales, es algo que afecta seriamente su investigación científica, así como sesga nuestra comprensión de las necesarias  especificidades que debe adoptar  la política social.

4 La crisis económica de la segunda mitad de  los años ochenta y principios de los noventa, sirvió como un “parteaguas”  para esclarecer que el racismo y la discriminación racial no se habían resuelto, y mucho menos que su solución avanzaba a la velocidad que se había supuesto. Así como también aportó mucha información respecto al modo tan   diferente en  que la crisis afectó a los  grupos raciales.

[1] Cada país tiene su historia y por tanto sus peculiaridades. No hay dos naciones  iguales. Pero cada sociedad puede aprender siempre algo de las demás. Incluso, con independencia de su régimen social. Nosotros en Cuba tendemos casi siempre a mirar con prejuicio soluciones que vengan de afuera. Pero un país, que como el nuestro, trabaja para consolidar un modelo de desarrollo económico y social  estable, no puede despreciar ninguna experiencia. Porque las soluciones pueden no ser iguales, pero los problemas pueden ser los mismos, por lo que   siempre valorar  experiencias resulta útil. La mejor  sociedad no existe aun, por lo que  estoy convencido de que la mejor sociedad  saldrá de la capacidad de combinar y adaptar  lo mejor  que cada una de las que existen  haya creado. (El Autor).[2] William Clinton, durante su mandato, trató de evitar la eliminación de la Acción Afirmativa, promoviendo su impulso. Incluso lanzó la iniciativa llamada “Una sola América para el Siglo XXI”, la cual Bush hijo  sepultó en el olvido.

[3] Incluso,  ha emergido una corriente de extrema derecha que comienza a hablar de la pobreza,  las desventajas y la discriminación de los blancos. Mientras resulta evidente estadísticamente,  que la pobreza de los negros continúa creciendo.

[4] Es decir, surge en los Estados Unidos una clase media, incluso poderosa,  aunque no equiparable a los blancos, pero que desde su cómoda posición, a muchos no les interesa que aun hoy más del 80% de los negros vivan por debajo de la línea de la pobreza. Aquí el llamado “Black Capitalism” desempeñó un papel importante. Finalmente,  la elección de Barack Obama a la presidencia ha servido también para que muchos confirmen su tesis de que  los negros pueden llegar a compartir con los blancos el  poder en igualdad de condiciones en los Estados Unidos.

[5] No es seguro y está más bien comprobado lo contrario: que  a las elites de poder en los Estados Unidos no  les preocupa este problema. La propia acción afirmativa, si bien fue un resultado  de la lucha de los negros, las elites la aceptaron también  como  una maniobra para tranquilizar a los negros y tener un “compás de espera” que les permitiera descabezar el Movimiento por los Derechos Civiles.

[6] En realidad, el  racismo ha sido siempre más de blancos contra negros. Estos últimos discriminaron también, aunque más bien,  como un mecanismo de defensa  y   sin tener el poder  para ejercer la a discriminación con la misma intensidad.